Este año, sin yo quererlo, este día no se lo he dedicado sólo a mi madre sino que también me ha tocado dedicármelo a mi.
Lo que no sabía yo es que mi gente, esos que me dan fuerzas cuando mis alas ya no pueden volar, esos que cogen las piedras del camino y las apartan, esos que desde Febrero se pusieron a mi lado para caminar juntos...habían decidido que HOY FUERA MI DÍA Y DEMOSTRÁRMELO.
Todo ha empezado esta mañana, a las 8.15 de la mañana cuando mi amiga Elisa me ha sorprendido diciéndome a través de una carta enviada a la radio que está ahí, a mi lado, dispuesta a luchar conmigo.
Después mi amigo Javi se hace una foto preciosa con un cartel en el que pone "Va por ti Olga", otros comparten en Facebook mi blog, me escriben palabras que sólo me hacen llorar y sentirme afortunada porque hoy mucha mucha gente me ha dicho que me quiere y me ha recordado que están a mi lado.
Y yo sólo puedo dar las gracias. Gracias porque aunque haya tenido mala suerte con la enfermedad, la vida en forma de familia y amigos hoy me recuerda que puedo, y si flojeo...ahí estarán ellos y yo sé que con ellos no se puede, siempre están ahí al pie del cañón, aguantando y sacándome la mejor de mis sonrisas.
Todavía no tuve tiempo de contaros a todos que ahora estoy descansando de la quimioterapia. Después de 7 meses de tanto chute ahora toca recuperarme un poquito y después del TAC que tendré el próximo día 31 los médicos evaluarán cuáles son los próximos pasos a seguir. Asi que mientras toca respirar, descansar, cuidarme y dejarme querer. Que ya sabíamos que esto iba a ser poquito a poco.
Y en mi ánimo por hacer cosas, bien porque soy un "culo inquieto" o bien por tener la cabeza ocupada, me llevó ayer a la IV Jornada Viaje a través del cáncer de mama. Mitos, leyendas y realidades de la enfermedad. Me enteré de dicha conferencia gracias a mi compi Natalia que supuso que me interesaría y aunque os reconozco que la pereza y la inapetencia a veces por hacer las cosas hizo que me apuntara a última hora, se la recomiendo a todo todo el mundo.
Nada más entrar al hospital donde se daba la charla una señora que venía de frente le dijo a la que justo iba delante de mi: "Hombre Fulanita, ¿ya has salido del armario?" En ese momento pensé que era de muy mal gusto preguntarle sobre su orientación sexual, hasta que me di cuenta por la forma en la que se tocaba el pelo que se refería a que por fin se había decidido a salir de casa sin peluca ni pañuelo. Y entonces sonreí y pensé "Espero que no me quede mucho para ser yo la que salga del armario".
Al entrar en el salón en el que iba a ser la charla nos iban dando una rosa a cada una. Me fui arriba. Quería tener una visión global de todo y no perderme nada. La mayoría del público de la sala eran mujeres. Mujeres la mayoría con el pelo muy cortito...pero una sonrisa enorme. También relucían las pelucas como la de una servidora y los pañuelos puestos de mil formas diferentes. Y yo mirando a todos los lados, tomando notas en mi cuaderno para que luego no me quedara nada por contar.
Lo primero que me viene a la cabeza es que en esa sala olía a vida, en esa sala no había miedo. Había mujeres que abrazaban a otras mujeres, que sonreían, que estaban tan bonitas...y todas con un PUTO denominador común: el cáncer de mama.
Son muchas las cosas que aprendí ayer y que estaré dispuesta a compartir con quien quiera. He de confesar que hasta lloré. Pero salí tan reforzada... Había mujeres que lo habían padecido muy jóvenes aunque quizá la más joven de la sala fuera yo. Vi mujeres con bebés que habían tenido tras superar la enfermedad. Vi maridos que sujetaban las manos de sus mujeres tal y como ya había visto hacerlo a Ernesto y a mi padre...
Y aprendí que nuestra vida no es sólo nuestra, es también de aquellos que están a tu lado y luchan contigo. Aprendí que hay que ser fuerte, muy muy fuerte para poder con esto. Que tal y como dijo ayer una de ellas es importante "querer tirar para adelante por encima de todo". Me encantó la que relató que no había experimentado nunca momentos tan felices como cuando estaba enferma, porque a mi me pasa igual. Me inundó una gran sonrisa cuando la periodista Inés Ballester explicó que se conforma una unión inquebrantable con tu pareja, y me enfadé con la médico que nos obligaba a superar el cansancio con ejercicio.
Pero sobre todo salí esperanzada porque aunque a día de hoy mi cáncer no tenga cura si hay un futuro y a través de los ensayos clínicos y de la investigación algún día podré gritar que estoy bien. Porque eso era lo que había prometido, ¿no?
